“Arquitectura de exportación”

Artículo aparecido  en la Vanguardia por Llàtzer Moix (11/05/2009)

Carlos Ferrater inauguró el pasado jueves la , junto a la laguna de Venecia: un edificio de cien metros, altura récord en el Véneto, rematado con un vistoso doble pináculo. Semanas atrás, el madrileño Juan Herreros ganó un concurso internacional para construir en Oslo el Museo Munch y organizar su zona de influencia, al lado de la ópera diseñada por Snøhetta, último premio Mies van der Rohe.


Y, desde hace meses, RCR Arquitectes desarrolla magnos proyectos hoteleros y residenciales en los emiratos árabes, cuyos promotores eligieron, entre todos los profesionales del mundo, a este equipo de Olot… Son sólo tres ejemplos de la creciente cartera de pedidos de los arquitectos españoles allende sus fronteras. Ahora bien, ¿quiere eso decir que se da una reciprocidad entre la generosa acogida que dispensa España a los arquitectos del – star ‘system mundial’ y la que merecen los españoles en el extranjero?

Bien, quizás esa reciprocidad exista, aunque todavía no quepa hablar de equilibrio: España se ha convertido en tierra de promisión para grandes arquitectos foráneos. Desde que Bilbao abrió el Guggenheim proyectado por Frank Gehry, instituciones públicas y privadas consideraron que una obra de arquitecto de fama mundial les pondría en el mapa, mejoraría su imagen y atraería nuevos recursos. Y las encargaron.

De este modo, Foster, Nouvel, Herzog& De Meuron, Hadid y otras estrellas forasteras han coleccionado obras en España. En ocasiones, hasta llegar a tener más encargos en nuestro país que en ningún otro… En eso coincide con tales firmas extranjeras la del valenciano Calatrava, con bases en Zurich y Nueva York, y obra esparcida por el mundo, y sobre todo por España.

En la actualidad, ese flujo muestra signos de inversión. Los grandes arquitectos extranjeros ven decrecer -crisis mediante- el entusiasmo que despertaban en España. Entre tanto, los locales proyectan más a menudo para el extranjero. Los veteranos Bohigas/ Martorell/ Mackay se ocupan en proyectos para la nueva estación ferroviariade Parma y para un nuevo barrio en Bari. Ricardo Bofill, con una pionera, larga y fructífera carrera en el exterior, cuenta entre sus últimas tareas con la sede de J. P. Morgan en Chicago, y prepara un mastodóntico

Palacio de las Artes en San Petersburgo. El navarro Patxi Mangado tiene ya licencia de obras para empezar a construir en Buenos Aires la que será la mayor torre de Sudamérica. La barcelonesa Carme Pinós está elaborando el proyecto ejecutivo de un edificio universitario en Viena, tras construir la torre Cube en Guadalajara (México). Esteve Bonell inauguró meses atrás en Tilburg (Holanda) un proyecto de renovación urbana integrado por viviendas, servicios y espacios públicos.

Josep Lluís Mateo presentará este mes su plan para la ciudad croata de Sibenik, y ha ganado concursos en las inmediaciones de Boulogne-Billancourt y en Utrecht. Josep Acebillo tiene encargos en Montenegro y en Rusia. Benedetta Tagliabue (EMBT) prepara el pabellón de España en la Expo de Shanghai del 2010. Y el tudelano Rafael Moneo, único español con el premio Pritzker y autor de una sólida obra en el extranjero -construyó el Museo de Arte Moderno en Estocolmo o la catedral de Los Ángeles-, se halla enfrascado en obras como los zocos de Beirut, un edificio para la Universidad de Columbia, otro para Harvard o el que inauguró en otoño en Rhode Island.

A diferencia de estos y otros profesionales, que antes de construir en tierras foráneas centraron su labor en España, varios de sus jóvenes colegas han apostado desde hora temprana por el mercado exterior. Algunos, como Alejandro Zaera, afincándose en otros países y proyectándose hacia todo el mundo. Otros, manteniendo su base aquí. Es el caso de equipos radicados en Barcelona, como el de Willy Muller, que ahora lleva adelante proyectos para un enorme complejo turístico en la República Dominicana, o para un complejo hotelero y deportivo en San Petersburgo. También el de Enric Ruiz Geli, que tiene entre manos sendos zoos en Nueva York y en Corea. El de Vicente Guallart, con proyectos en sitios tan dispares como Taiwán e Irán… O el de Nieto/ Sobejano, con estudio en Madrid y Berlín, y trabajos como la ampliación del Museo de Moritzburg (Alemania) o la del Museo Joanneum en Graz (Austria).

La lista de profesionales españoles con concursos, proyectos u obras en el extranjero es demasiado larga para recogerla aquí entera. Es larga y tipológicamente diversa, porque incluye también despachos, como el de Alonso/ Balaguer, que consideran la internacionalización una estrategia básica – y acumulan proyectos en Bogotá o Hangzou (China), también en KazajistánoMarruecos-;o, por el contrario, actúan con criterios más artesanales, como pueden ser, en este caso, Tuñón/ Mansilla.

Ahora bien, si en algo coinciden casi todos los arquitectos consultados por este diario es en que el supuesto prestigio de la arquitectura española en el mundo no se corresponde con el número y el nivel de las obras que se les encargan fuera. “Taxativamente, no se corresponde una cosa con otra -afirma Ferrater, que suma a su proyecto veneciano otros en Francia, Turquía o India-, y eso a pesar de que los españoles solemos ser más respetuosos con el contexto que las estrellas de fuera aquí”. “No se corresponde, entre otros motivos, porque complejos ancestrales y una timidez ilógica han obstaculizado nuestra vocación internacional”, coincide Luis Alonso. “No se corresponde -añade Ruiz Geli- y ello se explica también porque España todavía no valora su arquitectura como arma de proyección internacional ni la acompaña con su diplomacia”. “No se ha entendido el potencial económico de la arquitectura o su capacidad para fomentar la marca España“, abunda Guallart.

Otros colegas, por el contrario, opinan que quizás no haya que excederse a la hora de valorar el prestigio de la arquitectura española. “Llegamos a cierta altura con la exposición On-Site del MoMA. Pero luego aparecieron otras arquitecturas emergentes, como las del Este de Europa. Todo esoy el hecho de que durante años hemos salido poco podría también explicar nuestra mejorable presencia fuera“, dice Mangado. “Acaso estemos sobreevaluando nuestro prestigio: aunque salimos bastante, no solemos quedarnos con las grandes obras, como sí se quedan las estrellas extranjeras en España”, se lamenta Willy Muller. O quizás todo sea cuestión de tiempo. Veremos.

De momento, y aunque acaso no todos los proyectos reseñados en esta página acaben arribando a puerto, los caminos de la arquitectura española hacia el extranjero están ya muy abiertos. Y bastante transitados.

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